Lapiz Y Papel

Lapiz Y Papel
La forma de expresar

julio 07, 2008

Felipe

Y es que sí, lo confieso, constantemente deambulo insolente por las calles del centro de Santiago. Por hay por paseo Ahumada, quizás por Av. La Paz, en donde a diario, en la madrugada cuando Ud. Sr. de terno y corbata... y Ud. Sra. de manos impecables, duermen a pata suelta hasta las 8 de la mañana para luego irse a trabajar a sus impecables oficinas, es en esos ratos en donde observo con mayor detención e ira, con mayor recelo y frustración, como la gente capia el frio haciendo fogatitas con cartones y maderas, cubriéndose con lo poco y nada de ropa que llevan encima. Es en esos viajes extensos en donde más ira y resentimiento siento. Porque hay tantos y tantas que viven tan bien, haciendo tan poco, y hay tantas y tantos que viven tan mal, haciendo tanto.
Fue en uno de esos paseos, en donde conocí a Felipe, un viejo amigo, amargo como el mate, con un olor a carbón en las prendas, y con unas manos carcomidas por el frio y el trabajo, un viejo amigo constante, que yo denomino amigo, pero quizás para él yo no sea mas que una intrusa que oso a intervenir en su diario y difícil vivir.

- “Soy como el mate”, me dijo una vez, “soy amargo, porque la calle me hizo amargo, pero tengo la fuerza de levantar y remontar”. Y luego de eso, desapareció entre las callejuelas que solo él y los que viven hay (porque tienen y no por que quieren), conocen...

Lo busque, ¡sí! de verdad lo busque, lo busque en su esquina de siempre, y en los callejones que con miedo en la punta de los dedos recorrí, pregunte si lo habían visto, y las respuestas siempre eran las mismas, rotundos "NO" me cerraban las puertas en la cara, creo que son personas que han sufrido tanto, que ya no creen ni en la misma humanidad, no abren sus vidas a otros para que no hieran lo poco y nada que les queda de sentimientos.

Hasta el día de hoy Felipe es una incógnita latente, de cuando en vez me doy una vueltecita por el barrio viejo en donde lo conocí, sin embargo no ha aparecido, porque no quiere quizás, pero ya sabes, si vez a un viejo corbado, de barba larga y manos desgastadas por el frio y el trabajo, con su olor amate característico y con sus ojos de cristal pardo, no dudes en avisarme...

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