Lapiz Y Papel

Lapiz Y Papel
La forma de expresar

julio 21, 2008

Se va, se va, se fue... Jorge Drexler

Interprete: Vicentico
Tema: Si Me Dejan

Con el anhelo dirigido hacia ti

yo estaba sólo, en un rincón del café
cuando de pronto oí unas alas batir,
como si un peso comenzara a ceder,

se va,
se va,
se fue…

Tal vez fue algo de la puesta de sol,
o algún efecto secundario del té,
pero lo cierto es que la pena voló
y no importó ya ni siquiera porqué,

se va,
se va,
se fue…

Algunas veces, mejor no preguntar,
por una vez que algo sale bien,
si todo empieza y todo tiene un final,
hay que pensar que la tristeza también

se va,
se va,
se fue…

julio 07, 2008

Felipe

Y es que sí, lo confieso, constantemente deambulo insolente por las calles del centro de Santiago. Por hay por paseo Ahumada, quizás por Av. La Paz, en donde a diario, en la madrugada cuando Ud. Sr. de terno y corbata... y Ud. Sra. de manos impecables, duermen a pata suelta hasta las 8 de la mañana para luego irse a trabajar a sus impecables oficinas, es en esos ratos en donde observo con mayor detención e ira, con mayor recelo y frustración, como la gente capia el frio haciendo fogatitas con cartones y maderas, cubriéndose con lo poco y nada de ropa que llevan encima. Es en esos viajes extensos en donde más ira y resentimiento siento. Porque hay tantos y tantas que viven tan bien, haciendo tan poco, y hay tantas y tantos que viven tan mal, haciendo tanto.
Fue en uno de esos paseos, en donde conocí a Felipe, un viejo amigo, amargo como el mate, con un olor a carbón en las prendas, y con unas manos carcomidas por el frio y el trabajo, un viejo amigo constante, que yo denomino amigo, pero quizás para él yo no sea mas que una intrusa que oso a intervenir en su diario y difícil vivir.

- “Soy como el mate”, me dijo una vez, “soy amargo, porque la calle me hizo amargo, pero tengo la fuerza de levantar y remontar”. Y luego de eso, desapareció entre las callejuelas que solo él y los que viven hay (porque tienen y no por que quieren), conocen...

Lo busque, ¡sí! de verdad lo busque, lo busque en su esquina de siempre, y en los callejones que con miedo en la punta de los dedos recorrí, pregunte si lo habían visto, y las respuestas siempre eran las mismas, rotundos "NO" me cerraban las puertas en la cara, creo que son personas que han sufrido tanto, que ya no creen ni en la misma humanidad, no abren sus vidas a otros para que no hieran lo poco y nada que les queda de sentimientos.

Hasta el día de hoy Felipe es una incógnita latente, de cuando en vez me doy una vueltecita por el barrio viejo en donde lo conocí, sin embargo no ha aparecido, porque no quiere quizás, pero ya sabes, si vez a un viejo corbado, de barba larga y manos desgastadas por el frio y el trabajo, con su olor amate característico y con sus ojos de cristal pardo, no dudes en avisarme...

Una loca "historieta" de amor

De mano y mano la fruta preciada fue a parar entre las faldas de aquella mujer, hermosa mujer, la mire con recelo y algo de atracción, intentando pasar desapercibida entre la inmensa muchedumbre que atosigaban a la dama para comprar sus mercancías.
Y fue en un papel sucio y algo malgastado en que garabatee mi nombre y un numero de teléfono, ese teléfono que tengo desde hace años, ese teléfono amigo que tantas noches me ha escuchado gemir, en jueguecillos eroticones o en llantos olvidados.
Paso el tiempo y cuando aquel episodio ya era solo un recuerdo mas de tantos, el teléfono hizo su ¡ring! y algo en mi se estremeció, una corazonada loca me llevo a correr para contestar la alarma del viejo compañero de cuarto que anunciaba la solicitud de alguien.

- ¿Alo? - Dije algo agitada intentado normalizar la respiración.
- ¿Alma? - Se escucho dulce del otro lado del auricular.
- Con ella, ¿con quien hablo? - Pregunte juguetona sabiendo que era ella la que tímidamente hablaba en voz baja.
- Con Amanda, la del otro día, ¿Me recuerdas?
- Como no hacerlo... - Dije, dibujando esa típica y hermosa sonrisa tantas veces alagada.

Entre cigarro y cigarro pasaron los minutos y quizás las horas, la conversación se alargo, era como si fuéramos conocidas de toda esta vida, y quizás de unas cuantas mas. La conversación no quedo en mucho, pero al despedirnos, el sentimiento de perdida fue inevitable...
Como si hubiese estado en la misma habitación que yo Amanda recogió mis brazos y me dijo sonriente (lo se! se que sonreía al otro lado del teléfono)

- ¡¡No te pongas triste mujer!! Sonríe, que esto recién comienza.
Y fue esa sonrisa resignada la que salió de mi, esa sonrisa medio escaza que la gente dibuja cuando no hay nada mas que decir en una conversación. Y es que ya no era necesario que habláramos mas, nos conocíamos demasiado (mucho mas de lo que yo pensaría que alguien me conocía). Y fijamos aquella cita.

Cita, que años antes no habría imaginado, y cita, que años después no habría querido imaginar...